Pedro Sánchez, desbordado ante el Coronavirus por su negligencia

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Estamos, querido lector, ante un momento histórico. La crisis sanitaria, política y económica derivada del COVID-19 será objeto de estudio, entre otras, por las facultades de Ciencia Política y Económica. El Gobierno de Pedro Sánchez será recordado históricamente por su incompetencia a la hora de tomar las que debieran ser contundentes y rápidas decisiones pero que llegaron, como muchos temíamos, tarde, mal y arrastro. El virus está desbocado y Sánchez desbordado. Y todo, por no haber sabido -o no haber querido- actuar cuando la pandemia ya constituía un peligro a nivel global pero todavía no una crisis sanitaria en España.

Hasta el 8M el virus parecía ser una simple gripe que, en palabras del “risitas” Fernando Simón, no infectaría más que a unas pocas personas. Unos días más tarde somos uno de los mayores epicentros de Europa del virus. Muchos países no nos quieren ni ver en pintura por miedo a contagiarse.

El 8-M fue un evidente punto de inflexión en donde no solo el virus se descontroló sino que, además, se evidenció la incompetencia, la falta de previsión y, en fin, la negligencia que está dispuesto a asumir el Gobierno por contentar a las radicales feministas que no entenderían ni la cancelación de la manifestación aún bajo el pretexto de una crisis sanitaria como la que estábamos viviendo. Y las primeras que no lo entenderían serían Carmen Calva, Irene Montera y Begoña Gómaz que ni un ápice dudaron en convocar a todas las mujeres a las manifestaciones del 8-M, desoyendo todas las indicaciones de la OMS, y rezando el slogan de que ni el coronavirus les pararía. Obviamente, como la naturaleza es inteligente y el karma un hecho, dos de ellas deben ahora entonar “Madrid será la tumba del fascismo” aisladas de todo el mundo y bajo décimas de fiebre.

El propio The New York Times, no siendo sospechoso de ser un medio pro-derecha, lanzaba una crítica durísima a la gestión que está llevando a cabo el Gobierno de Sánchez ante la crisis sanitaria: “El Gobierno declaró el viernes el estado de alarma, días después de permitir aglomeraciones masivas en la capital”. Sánchez tenía como referentes a Italia o Corea del Sur que, ante el descontrol de la situación, no tuvieron más remedio que aplicar medidas contundentes y conseguir, así, frenar el exponencial aumento de infectados por coronavirus. El Presidente, repitamos una vez más, desoyendo todas las indicaciones de la OMS y otros organismos, prefirió priorizar sus intereses ideológicos y electorales antes que evitar el desbocamiento de la situación y no llegar, así, a extremos como los de Italia. Esto es una auténtica negligencia y motivo más que suficiente para pedir su dimisión. Espero que los partidos de la oposición sean responsables y, tras la crisis, exijan la dimisión del incompetente y maquiavélico Pedro Sánchez.

El vicepresidente Pablo Iglesias decidió saltarse la cuarentena obligatoria, dando un pésimo ejemplo a toda la ciudadanía, para -simplemente- interponer trabas a la búsqueda de soluciones y, como buen comunista, aprovechar la excepcional situación para exigir una encubierta nacionalización de cuantos más recursos privados, mejor. Además, no lo olvidemos, no podía desaprovechar el momento de sacarse una foto junto al Presidente y aparecer en todas las portadas y telediarios como uno de los grandes hacedores del bien común ante la gran crisis sanitaria y económica que estamos padeciendo, máxime cuando el pánico y la histeria se apoderan de las personas y hacen tomar por bueno hasta a los terroristas del ISIS que este domingo se ponían como ejemplo por recomendar a sus terroristas recluirse en sus casas y guardar reposo. Surrealista. Pero cierto. No es muy políticamente correcto decirlo pero nos merecemos lo que nos pasa.

Como llevamos comentando desde el inicio, más allá de la actual crisis sanitaria, se nos avecina una gran crisis económica de dimensiones prácticamente iguales o, para los más pesimistas, peores que la del 2008. Entre los últimos se encuentra el propio Presidente de Singapur, Lee Hsien Loong, que no dudó en afirmar que las consecuencias económicas del coronavirus pueden ser más graves que el daño causado por la pasada crisis. Es más, dice que el impacto económico será más duradero que lo que dure la pandemia que aún no podemos predecir cuándo terminará. La Comisión Europea no es tampoco nada optimista, pues prevé una contracción del PIB del 2’5% (cuando las previsiones de este año apuntaban a un crecimiento del 1’4%). En consecuencia, el crecimiento real en 2020 podría caer por debajo de cero o ser, incluso, sustancialmente negativo. Además, no olvidemos que las Bolsas cedieron entre un 5% y 7% en la apertura de la semana y el Ibex cayó el doble que Europa, perdiendo un 26% en tres semanas. Las pérdidas, en general, se pueden contabilizar en billones de euros en poco más de un mes. La situación económica es verdaderamente preocupante.

Hasta ahora, el Consejo de Ministros no ha aprobado medidas económicas dentro del Plan de Choque que ya anunció el Gobierno para hacer frente a la pandemia. El martes, según anunció el Presidente, las aprobará. Aunque todo parece indicar que, de forma equivocada, van a aprobar un plan de medidas centradas en la demanda cuando, realmente, no tiene sentido un estímulo monetario. El parón de la actividad económica se debe a causas externas y, por consecuencia, las medidas centradas en la demanda no servirán como medidas de estímulo monetario. Es más, las políticas monetarias están agotadas. No olvidemos que los tipos de interés desde hace ya muchos años son mínimos.

En fin, hay un riesgo real de colapso económico. Desde hace años existe una burbuja en los mercados financieros y en las Bolsas. Y, justamente, las burbujas explotan cuando se dan sucesos inesperados que generan estampidas. Si las empresas comienzan a tener problemas de caja, el pago de sus deudas se vuelve un reto y la posibilidad de una recesión se materializa en pesimismo en los mercados financieros. El cóctel perfecto para que la burbuja explote.

La pregunta es: ¿será capaz el Gobierno social-comunista de hacer frente a esta situación económica crítica o antepondrá sus intereses partidistas e ideológicos como ya lo hizo con la crisis sanitaria? Que Dios nos coja confesados amigos míos.

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