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Sin un ápice de duda, la subida del SMI a 950 euros es una de las noticias más relevantes de este 2020. Sus detractores consideramos que su existencia, en determinadas ocasiones, puede producir efectos claramente negativos en una economía, y acabar por ocasionar lo contrario a lo que se desea: perjudicar a los sectores más débiles de la sociedad, condenándolos al desempleo.

Para explicar y razonar la controvertida eliminación del SMI, la cual está muy mal vista en la sociedad actual, hemos de partir de una simple premisa: si la aportación mensual que efectúa el trabajador a la empresa no supera la cuantía de este salario, entonces el empresario optará por despedirlo. Este postulado es, quizás, el que de una forma más sintética puede reflejar la necesidad de suprimir lo que no deja de constituir un precio más del mercado. Sin embargo, esta simple y aislada argumentación carece de gran validez para aclarar por qué la subida o bajada artificial del SMI, además del dañino paro que puede generar, conllevaría otros múltiples efectos perniciosos que, de seguro, sus defensores no le desearían más que a su peor enemigo. Lo que parecen no saber aquellos que plantean que aumente es que, en este caso, su peor enemigo se trataría, nada más y nada menos, que de las personas más pobres y vulnerables de la sociedad. Veamos el porqué.

Resultados de una subida del SMI

En efecto, el colectivo que peor parado saldrá de tal subida será el más débil (los jóvenes, los inmigrantes, los discapacitados…), por poseer una menor productividad. Es preciso traer a colación el informe de 2013 del Banco de España que, sin rodeos, advertía de que aquellos trabajadores supuestamente beneficiados por el SMI pasarían a tener el doble de probabilidades de ser despedidos frente a aquellos a los que no afectaba.

Sin embargo, la destrucción de empleo es solo una de las posibles consecuencias de la subida del SMI. Hay otras posibles que convendría destacar:

  • La creación de empleo también se podría ralentizar en el futuro: aun cuando este no se destruyera, el encarecimiento de la mano de obra favorece indirectamente su sustitución por máquinas. No obstante, este no sería el efecto más temido, pues, para producir tales máquinas, también hace falta mano de obra; así, los puestos de trabajo que se suprimieran por la automatización, se recuperarían -muy probablemente- por este cauce. Al respecto, Henry Hazlitt, en el capítulo VI de “Economía en una lección”, hace la siguiente advertencia: “El fabricante ha de emplear su beneficio extraordinario en una de estas tres formas y posiblemente empleará parte de aquel en las tres: 1) ampliación de sus instalaciones, con adquisición de nuevas máquinas para hacer un mayor número de abrigos; 2) inversión en cualquier otra industria, y 3) incremento de su propio consumo. Cualquiera de estas tres posibilidades ha de producir demanda de trabajo·.
  • Aunque los empresarios no despidan a los trabajadores, estos sí podrían ver reducidas sus horas de trabajo, por lo que sus ingresos se contraerían en comparación con los que percibían antes de la subida.

Recordemos que países como Singapur o Suiza carecen de SMI y, sin embargo, poseen casi pleno empleo y unos salarios netamente superiores a los españoles.

El problema no son solo esos 50 euros más al mes

Los defensores del incremento del SMI suelen ampararse en el, aparentemente, escaso impacto de 50 euros adicionales. Pero esto supone abordar el fenómeno desde una perspectiva muy limitada. No hay que perder de vista que a él se vinculan, directa e indirectamente, muchos otros costes, como el pago a la Seguridad Social, las catorce pagas que incorpora el SMI, el coste esperado del despido y su consecuente indemnización, el mes de vacaciones y un sinfín más. Con una subida del SMI de 50 euros, el coste anual para una pequeña empresa se estima en, aproximadamente, 1.000 euros anuales por empleado. Por lo que, si una pyme cuenta con una plantilla de seis personas, tras el aumento, no solo tendrá que hacer frente a 700 euros anuales más por trabajador, sino a 1.000 más por cada uno: en total, 6.000 euros al año de más. Algo inasumible para muchas.

El SMI es una política redistributiva de pobres a pobres

A todos aquellos que aún rechacen la propuesta de eliminar el SMI les invito a contestar una pregunta retórica, a la que recurrimos muchos liberales: “¿Qué salario mínimo le impondrías a tu peor enemigo?”. Si a un empresario que gana 10.000 euros al mes le pones un SMI de 0 euros, continuaría ganando lo mismo. Resultaría irrelevante. En cambio, si fijamos un SMI muy alto (por ejemplo, un millón al mes), lo más probable es que pierda su empleo y que no pueda trabajar. Luego, aquellos que abogan por la subida del SMI (y no por su reducción a 0€) tienen por peor enemigo a los más pobres y necesitados, quienes, en última instancia, se verán perjudicados en mayor medida por leyes que intentan fijar sueldos más elevados. Algo, cuando menos, paradójico. Recordemos que el SMI no deja de consistir en el importe mínimo por el que se puede o se está autorizado a trabajar asalariadamente en un país.

Por otra parte, la mejor forma de definir las leyes del SMI es como “una política redistributiva de pobres a pobres”. De los afectados por su incremento, unos pocos cobrarían un poco más, y otros perderían su empleo por esta causa. La masa salarial, por ende, no se verá netamente afectada. Las gallinas que entran por las que salen.

¿Cómo podemos subir los salarios y beneficiar a todos?

Llegamos con esta pregunta al punto clave. Los políticos no pueden elevar de manera generalizada los salarios de la población. Estos deben subir al compás:

  • De la creación de empresas
  • Del favorecimiento de la inversión privada
  • De la contratación de nuevos trabajadores, para lo cual se deben dar más facilidades (flexibilizando el mercado laboral)

Cuando hay mucho empleo, toda contratación adicional que quieran hacer los empresarios motivará que los salarios crezcan. Tal y como explica la ley de la oferta y de la demanda, si hay pocos trabajadores disponibles y muchas compañías quieren contratar, necesariamente los sueldos tenderán a subir de forma natural.

Así, la solución podría cifrarse en:

  1. Fomentar el ahorro (privado)
  2. Promover la inversión
  3. Facilitar la acumulación de capitales
  4. Y a través de tal acumulación de capitales, favorecer la productividad de los trabajadores.

En última instancia, esta mayor productividad será la que, en el marco de una economía de libre mercado, permitirá a los salarios crecer año a año. Sin embargo, para lograrlo, hace falta una consecución previa: acabar con la gran tasa de desempleo de España. Así, los empresarios tendrán un mínimo de incentivos para incrementar la productividad.

¿Qué ha ocurrido en 2019 con la pasada subida del SMI?

El Banco de España, malinterpretado por muchos políticos del PSOE y Podemos, pronosticó que el aumento del SMI podría destruir 125.000 empleos. Con ello se refería a que la economía dejaría de crear esa cantidad de puestos de trabajo por culpa de esta medida.

En este sentido, las cifras de ocupación y las de paro han sido en 2019 bastante peores que en años anteriores. Se crearon 360.000 nuevos empleos (según la EPA), pero eso son 70.000 menos que el año anterior. Asimismo, 2019 fue el ejercicio en el que menos empleos se han generado desde 2014.

Los datos que aporta la Seguridad Social resultan aún menos optimistas. El número de sus afiliados en 2019 aumentó en 385.000 personas pero, respecto al año anterior, se han afiliado 183.000 menos.

Así, convendría preguntarse por qué la creación de empleo se ha ralentizado tanto en 2019. Existen dos hipótesis:

  • La menos optimista para los acérrimos defensores del SMI indica que la desaceleración económica se debe íntegramente a su subida.
  • La más optimista entiende que al menos una parte de la desaceleración económica se debe a este ascenso.

En cualquier caso, hay muy pocos economistas que descartan totalmente la variable “subida del SMI” en sus análisis para explicar tal desaceleración económica. En mayor o en menor medida, siempre está detrás de este hecho.

El paro en 2019 se redujo en 112.000 personas, mientras que en 2018 lo había hecho en 462.000 (según la última EPA, publicada el 28 de enero del 2020). Por paradójico que parezca, la menor contracción del paro se debe a la disminución en la creación de empleo, algo que apunta directamente a la subida del SMI.

Conclusiones

Para estudiar esta medida, hemos de tener en cuenta estas premisas:

  1. Los empleadores deben pagar una cotización a la Seguridad Social por sus empleados (unos 3.800 euros anuales por trabajador)
  2. Hay un mes de vacaciones
  3. El nivel salarial se vincula a la productividad

Esto hace que el coste real de un trabajador para un empresario sea, al mes, un 65% (aproximadamente) mayor que el del SMI. Por lo que este debe necesariamente producir bastante más si no quiere quedar fuera del mercado laboral.

De no eliminarlo completamente, debería aumentarse sin perder nunca de vista la productividad de los trabajadores afectados y su capacidad de empleabilidad, para así evitar efectos adversos.

Y es que, su subida, tal y como hemos explicado ya, podría conllevar que el empresario:

  • Despida a aquellos trabajadores con una productividad menor que la que exige el SMI y sus costes adicionales.
  • Trate de compensar tal aumento haciendo que sus empleados tengan que trabajar de manera más intensa.
  • Pueda retirar algunos complementos salariales que esos trabajadores tenían.

Mención aparte requieren los monopsonios (aquellos mercados en los que una compañía maneja o controla el mercado laboral y, por tanto, puede remunerar a sus trabajadores por debajo de su productividad). En ellos, la subida del SMI sí que puede resultar beneficiosa, aunque se corre el riesgo de pasarse con ella y hacer que los empleados acaben ganando más que lo que producen, caso en el que el empresario podría optar por recurrir a una -o varias- de las tres acciones citadas.

En cualquier caso, la subida del SMI solo afecta a un colectivo residual de la población (2’4% del conjunto de los trabajadores, concretamente) y, además, en muchos sectores de la economía los convenios colectivos ya marcan salarios superiores a aquel.

Por todo ello, podemos comprobar que la elevación del SMI puede provocar efectos muy adversos que ni siquiera desean aquellos que la defienden.

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