El peligroso coronavirus surgido tras el 8-M, según el Gobierno

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No lo voy a negar. Mientras escribo este artículo se me está retorciendo el estómago. Creo que el coronavirus, como cualquier otra enfermedad, debe ser tratada con cautela y solo bajo plumas de expertos que realmente saben de lo que hablan. Bajo ningún concepto debiera usarse este virus como tema de opinión para generar sensacionalismo y, ni mucho menos, como arma arrojadiza en política. Politizar un virus, en fin, es de lo más vergonzoso y mezquino que se puede hacer. Y, precisamente, es lo que está haciendo el Gobierno PSOE-Podemos.

Muy pocos creíamos que, por muy mala que fuera nuestra opinión sobre el nuevo Gobierno, éste pudiera anteponer sus intereses ideológicos y partidistas a las soluciones para contener la propagación de un virus que ya ha dejado a muchas familias sin un ser querido. El que previamente al 8-M no se tomaran otras medidas más que las comparecencias en medios y que tras esa fecha, casualmente, se adoptasen -de golpe- todas las estrategias para controlar a un virus ya descontrolado es, cuanto menos, una de las mayores vergüenzas políticas que han ocurrido desde la Transición. En este caso, en verdad lo digo, creo que ni unas simples dimisiones conseguirían apaciguar mi enfado y la vergüenza ajena que siento ante el Gobierno de Sánchez. Es más, las muy feministas políticas del PSOE y Podemos que asistieron a la manifestación del 8-M con guantes de látex ni tan siquiera tuvieron el coraje de recomendar hacer lo mismo a los asistentes. Montaron, en fin, una manifestación multitudinaria como si nada estuviera pasando. Total, como antes el 8-M el coronavirus era una simple gripe, no había necesidad de tomar precauciones especiales.

Sin embargo, tras el 8-M, ni tan siquiera una semana más tarde, sino unas horas después, como por arte de magia, el coronavirus se había descontrolado. Lo que era una simple gripe incluso, se decía, con menos mortalidad, se convirtió en un verdadero monstruo que dejaría sin clase a miles de chavales, imposibilitaría llevar a cabo eventos deportivos a puerta abierta, haría prohibir vuelos desde Italia, impediría llevar a cabo eventos cubiertos con más de 1000 personas y un sinfín de medidas restrictivas que chafarían de cuajo nuestra sensación de invencibilidad. Y todo, recordemos, en cuestión de horas. Unas medidas que, de tomarse con antelación al 8-M, imposibilitarían perpetrar semejante caldo de cultivo para el virus y avocarían la macro-manifestación a su suspensión o postergación como le ha ocurrido a las Fallas. Pero el Gobierno, de ninguna forma, podía impedir a las feministas entonar los radicales cánticos que tanto tiempo habían estado ensayando. Lo acusarían de machista y alarmista. Y eso nunca. Mejor que se descontrole el virus.

El Gobierno ha explicado que, desgraciadamente -y casualmente-, desconocía los datos que indicaban un aumento bastante alto de los infectados por el virus previamente al 8-M. Conocieron esos datos, de hecho, el lunes y fue a partir de entonces cuando la situación mudó de fase y no hubo más remedio que tomar medidas drásticas. Y yo soy astronauta por las noches. Si esto fuera realmente cierto, aún me preocuparía más. Pues denota la incapacidad de un Ejecutivo de hacer frente a una crisis sanitaria como la que estamos viviendo. Y si realmente conociese esos datos y no tomara las medidas oportunas para no suspender el 8-M, entonces creo que estaríamos ante uno de los escándalos políticos más grave -por no decir el más- desde la Transición. Y las palabras que hoy mismo, de forma informal, pronunció Fernando Simón nos encaminarían a la segunda opción pues reconoció que previo a la celebración del 8-M se sabía que el número de infectados estaba creciendo.

¿Y qué ocurre con VOX y el positivo Ortega Smith? Seguramente que llegados a este punto, el lector radical de izquierdas que defiende a ultranza el nuevo Gobierno y que es incapaz de mantener una actitud crítica ni tan siquiera ante una emergencia sanitaria, estará al borde de un colapso neuronal que le impide pronunciar otra palabra más que “FACHA, FACHA y mil veces FACHA”. En tal caso, mejor que tome aire y prosiga con la lectura. Es obvio que VOX se ha equivocado y han sido unos auténticos irresponsables. Se mire por donde se mire. Y en este caso no vale con eximirse de las culpas trasladándole el muerto al Gobierno. Que prediquen con la palabra o sino que se callen. Y, en este caso, lo mejor que pueden hacer es bajar las orejas y callarse. Como diría un exprofesor mío: “la han cagado con todo el equipo”. No solo han permitido llevar a cabo la realización de su particular evento feminista en Vistalegre sino que Ortega Smith ha decidido asistir incluso con síntomas que le sugerían que podía tener coronavirus (teniendo en cuenta que días antes había viajado a Italia). Si esto no es de tontos, que venga la bandera de España y que me lo explique.

Y, en vez de reconocer tal brutal error, aún se dedican a mandar comunicados y a grabar vídeos hilarantes que hacen, aún si cabe, más evidente su irresponsabilidad y su equivocación. Señores de VOX, ya todos sabemos que el Gobierno es como es y que, aún bajo amenaza de bomba, no va a impedir la celebración de un evento que le va a reportar rédito electoral. Así que, ¿para qué le siguen el rollo? Tuvieron la oportunidad de dar una lección de responsabilidad y no solo la han perdido sino que, además, han evidenciado su escasa capacidad crítica y su nula visión estratégica que cualquier gobernante y representante público debiera tener. Y, reitero, en este caso no vale con mandar todo el muerto al Gobierno en hilarantes mensajes y comunicados. O qué pretendía Ortega Smith, ¿que le fuera Pedro Sánchez a su casa y le pusiese un termómetro para tomarle la temperatura y decidir por él si debía asistir o no al acto? Venga ya, dejémonos de tonterías y asumamos errores cuando los cometemos. Y si por asumirlos se pierden votos, pues que se pierdan. Y si esto VOX no es capaz de hacerlo, entonces que no presuma de tener más moralidad y valores que los otros partidos. Al menos que se callen y que no hagan el ridículo.

De verdad, cada día creo menos en la clase política y de la misma forma me doy cuenta que viviríamos mucho mejor sin políticos y sin representantes públicos. Yo, como liberal minarquista, defiendo el Estado mínimo pero, como dijo el gran Juan Ramón Rallo, ¿si los gobernantes no son ni capaces de asegurar la salud de los gobernados, para qué queremos el Estado? Cada día le encuentro menos explicación al Estado y me acerco más a la tesis anarcocapitalistas que, entre otros, defiende mi profesor Miguel Anxo Bastos. ¡Viva la libertad, carajo!

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