La publicación de esta entrada no es casual. Antes de escribirla me previne de que hoy fuese 1 de octubre, una fecha que, desde el año pasado, ya no tiene un significado vacuo sino una auténtica ideología, un odio interno y hasta un sentido de incapacidad política que nos hace recordarla con profunda tristeza. El 1 de octubre nunca más será lo mismo. Para unos una fecha triunfal, para otros la mayor muestra de la incapacidad de un Ejecutivo -en aquel momento dirigido por el PP- para buscar soluciones políticas a un conflicto que responde a esta clasificación. Si me pidiesen que cerrase los ojos y que pensase en el 1 de octubre, una inmediata imagen de la Policía Nacional azotando a adolescentes, adultos e incluso ancianos no tarda en aparecerme en mi consciente; por su parte, si me pidiesen que abriese los ojos y que en pocas palabras definiese lo que he visto, mis palabras serían: “una profunda tristeza”. Tristeza por ver que el único método que encontró en Gobierno para dirimir una votación “en referendum” que rezaba por su ilegalidad y absurdez fuese la fuerza, la opresión. Profunda por ser consciente de que es un problema que va a durar, que va a permanecer clavado en nuestro presente y en nuestro porvenir alterando las relaciones sociales, impidiendo el habla entre familias y amigos y, lo que es más importante, que este conflicto sea prioritario y que lo que verdaderamente importa, la salud y el bienestar de las familias catalanas, se convierta en secundario al no haber ni tiempo ni cabida para las imperativas políticas sociales.

Lo cierto es que si hacemos un balance desde hace un año hasta el día de hoy veremos que la coyuntura política no ha cambiado en gran medida -a pesar de que el Gobierno sí que cambiase-. La situación está estanca, no se encuentran soluciones a un conflicto que ya ha alcanzado la magnitud de internacional. El Ejecutivo español no propone soluciones, el Ejecutivo catalán no quiere que se las proponga, solo acepta como solución la cancha libre para declarar la independencia. Corregidme si me equivoco, pero esto es absurdo que ocurra en pleno Siglo XXI. En primer lugar porque la fragmentación de un país no es cosa banal, no se puede tratar con tal frivolidad como lo está haciendo el Ejecutivo catalán. Efectivamente en Cataluña no hay presos políticos, hay políticos que incumplieron -les guste o no- las normas legítimas y vigentes en un país. Si se quieren cambiar las normas o incluso la Constitución -completamente obsoleta, por cierto- lo lógico es que en un país democrático se cambien por medio de vías democráticas, mayoritarias y no unilaterales. La definición de democracia no es otra que el imperio de la Ley. Y si alguien quiere ir unilateralmente en contra de Ley, irá igualmente en contra de la democracia. Y lo que no es democracia, hay muchas posibilidades de que sea dictadura. Yo con anti-demócratas y dictadores no me gusta desenvolverme, la verdad.

Dicho esto, debo aclarar que yo estoy a favor de que en Cataluña se dilucide el problema por vías democráticas. Es decir, que se convoquen elecciones -no en Cataluña, sino a nivel nacional-, que los independentistas obtengan mayoría en el Congreso, que cambien democráticamente las leyes, que introduzcan el derecho a la autodeterminación en la Constitución y que, entonces sí, si quieren, que legítimamente, con un respaldo mayoritario, proclamen la independencia. Es así como se trabaja en democracia, no de otra forma. Y todo lo que varíe de este procedimiento institucional, entonces será delito.

Así mismo, en el día de hoy, la jueza que lleva la investigación del Caso Máster ha dado un carpetazo -ha archivado- toda la investigación. ¿Por qué? Porque como una persona coherente cree que en España no debe haber ciudadanos de primera y de segunda. Si el Tribunal Supremo cree que el máster de Pablo Casado está impoluto (aunque reconoce que hubo trato de favor), no hay motivo alguno para creer que las alumnas que también estaban siendo investigadas, junto con Casado, tienen un máster cargado de irregularidades. Obviamente, todos sabemos que Casado y las alumnas privilegiadas han obtenido el máster de forma fraudulenta pero, como protesta ante el favoritismo y la no división de poderes en España, clarificado con la resolución del TS, la jueza ha decidido archivar todo. ¡Qué vergüenza!, ¡España, país de pandereta!

Está claro que el 1 de octubre nunca será igual que el 1 de octubre del año anterior; si hasta hoy solamente podíamos conmemorar el fatídico referendum, ahora le podemos añadir a la celebración el fin de la división de poderes en España. No me imagino qué otro acontecimiento le añadiremos al 1 de octubre del año que viene. ¡Qué ansias!

PD.: no me extraña que muchos catalanes se quieran ir de España, pero tienen que hacerlo por vías democráticas.

FIRMA: Hugo Pereira Chamorro (estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela (USC) ) –> TWITTER: twitter.com/Pereira_Hugo_

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