“No tinc por”, el lema bajo el que se esconde el sentir común. Sintámoslo.

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Dolor. Rabia. Estupor. Es increíble como la felicidad y la tranquilidad que contextualizaban a uno de los paseos más emblemáticos de Barcelona, Las Ramblas, quedó sumido bajo el silencio más doloroso en décimas de segundo; aquello que parecían llantos de alegría se convirtieron en sollozos profundos y desesperados por un panorama que era desgarrador en todos los sentidos.

Una vez más la acción más miserable y egoísta del ser humano, cohibir la propia integridad de una persona, se hizo visible en un atentado catastrófico para España que se saldó con más de cien heridos y catorce muertos. La irresponsabilidad humana, el pensar que somos superiores a nuestras propias libertades y que incluso las podemos coartar, demuestra lo miserable que algunos podemos llegar a ser y consecuentemente encauzarnos a cometer actos tan impuros como perpetrar uno de los mayores atentados de la Historia de España y el más grave desde la trágica fecha que entendemos por el 11-M.

Pero no nos equivoquemos, no intentemos buscar responsabilidades donde no se puede y mucho menos intentar clarificar estos hechos otorgándoles un “motor inductor” que nos permita explicar (y justificar) el porqué de la actuación tan deleznable y miserable de los terroristas que atentaron en Barcelona y Cambrils. Lo culpa no es del Islam o de no haber puesto unos bolardos al inicio del paseo de Las Ramblas. La culpa es de los que atentan, ni más ni menos. Y, aunque esto parezca obvio y de innecesaria reflexión, estas semanas escuchamos declaraciones muy desafortunadas de cargos públicos (y eclesiásticos) que culpabilizaban e incluso atribuían lo sucedido a las alcaldesas Ada Colau y Manuela Carmena; declaraciones tan miserables como estas que salieron de la boca (y del Twitter) de algunos políticos e incluso de un párroco de Madrid, no pueden quedar impunes.

Por otra parte, en lo que se refiere a islamofobia, problema creciente en la sociedad global actual (aunque algunos no lo quieran ver), demuestra lo frívolo y tan poco maduros que somos para analizar uno de los problemas estratégico-militares más difíciles de nuestro siglo, el terrorismo yihadista. Una de las religiones más complicadas de analizar, como lo es el Islam, por sus múltiples -y tan dispares- corrientes de entendimiento, no puede ser analizada por los ojos de una persona que no sabe distinguir entre: musulmán, árabe e islamista.

El problema del fundamentalismo islámico (el interpretar al pie de la letra los textos Sagrados del Islam) ya viene de lejos. En la fase final de la Guerra Fría se produjo lo que se denomina la Revolución Iraní (1979) en la que la dinastía Pahlaví acabo por ser sustituida por una dinastía teocrática liderada por el ayatolá Jomeini. Desde ese momento (aunque no había sido el primero) quedó demostrada las intenciones tan poco religiosas de los fundamentalistas islámicos que lejos de querer consolidar y ratificar su Fé, el Islam, lo que pretendían es enriquecerse a costa de la propia ciudadanía iraní y de la materia prima que le brindaba la actual República Islámica de Irán. Con todo esto lo que pretendo ejemplificar es que los radicales islamistas (los yihadistas, los terroristas) muy lejos de representar a la fé islámica, representan al germen de la misma,  a la que llevan intentando fogocitar desde el inicio de las disensiones interpretativas del Islam.

Lo que hoy va a suceder en Catalunya bajo el lema “No tinc por” es una de las mayores manifestaciones de repulsa hacia un problema de todos y por el que todos debemos luchar para erradicar: el terrorismo. Ante el terror que nos quieren imponer, cordura. Ante el miedo, unidad. Y justamente esa unidad es la que nos va a hacer lo suficientemente fuertes para decirle a aquellos que quieren truncar y modificar nuestro modo de vida, nuestra propia idiosincrasia, que el terrorismo no nos da miedo porque sabemos que la libertad humana (la propia democracia) está por encima de cualquier ley y de cualquier síntoma de egoísmo humano. Unidos somos más fuertes y siendo más fuertes, venceremos al terror que nos quieren imponer.

A ver si conseguimos que este sentir común no florezca en nosotros solo en situaciones límite y que verdaderamente aquellos que tienen la autoridad de guiar y garantizar nuestra integridad como personas, los políticos, sientan el sentir común, nuestras propias necesidades, y que éstas prevalezcan por encima de sus intereses. ¡No tinc por!

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