En las últimas semanas un claro -y notorio- problema internacional hizo mella en la actualidad política española. Si cabe, además de haberse convertido en una pugna entre dos países y miles de trabajadores, la venta de armas de precisión a Arabia Saudí, ha abierto un auténtico dilema moral entre dos magnitudes vitales indispensables para cualquier ser humano: el trabajo -para comer y sobrevivir- y la propia vida de un similar a nosotros.

Está claro que para poder opinar sobre este tema tan agresivamente contradictorio y que apela a una conciencia ética, hay que ser muy preciso en argumentaciones. Bajo mi humilde opinión, ningún problema político, porque este lo es, debe recaer en la población civil y mucho menos ser excusa para explicar la muerte de miles de civiles que, por desgracia, se encuentran en el limbo de la vida y la muerte sin quererlo, sin aceptarlo y siendo simplemente sometidos a ser partícipes de una locura en forma de guerra. El Gobierno de España se ha equivocado como en muchas otras ocasiones, no por recular y vender las susodichas armas a Arabia Saudí y dar trabajo a miles de españoles, sino por ser incapaz de encontrar una solución política a un problema internacional que fuese beneficioso para todos y todas. Es normal. Los políticos son humanos y también se equivocan. Pero en este caso las consecuencias son catastróficas. Con una simple firma, el Gobierno de Pedro Sánchez ha autorizado al país que más ha beneficiado al ISIS a que pueda usar armas made in Spain sin discreción y en quebranto de la propia población civil.

Y no lo digo yo. Lo dice Amnistía Internacional. “El Gobierno no ha encontrado ninguna razón para no cumplir el contrato con Arabia Saudí”, así la ONG acusaba desde un tweet  la ineptitud de un Ejecutivo incapaz de encontrar soluciones convenientes para todas las partes. Además, esta misma ONG, Amnistía Internacional, para más razón, nos recordaba muchos otros acontecimientos pasados y deplorables que fueron posibles gracias a las armas que España le venderá a Arabia. Es el caso de, por ejemplo, Buthaina, una niña yemení de cinco años que perdió a toda su familia tras la onda expansiva de una bomba de tipo Paveway; En Saná, la capital de Yemen, los efectos del contrato que España ha -y hubo- firmado con Arabia Saudí tampoco son agraciados, más de 16 personas (entre ellas niños y niñas menores) vieron perder la vida de sus cercanos y posteriormente la suya propia en un ataque de Arabia a las dos de la mañana. Los ejemplos son múltiples pero la vida no se puede medir en cantidad, así, desde el momento en el que hay un solo ejemplo para relatar debe haber una solución para buscar. Aunque, por desgracia, ya digo, los ejemplos son tantos que no se pueden contabilizar con las falanges de nuestro cuerpo.

Amnistía Internacional no es la única ONG u organización incapaz de justificar la muerte de miles de civiles. La ONU, por su parte, califica la Guerra de Yemen como la peor crisis humanitaria en el mundo. Aporta, asimismo, un dato muy revelador: 22 millones de yemenitas, es decir, el 75% de la población, debe poseer protección humanitaria y está en riesgo de que su vida se apague tras el estruendo de una bomba asesina.

Creo que no necesito escribir más líneas para argumentar mi contrariedad a alimentar -en vez de intentar solucionar- una Guerra que nos afecta a todos como personas y, en particular, a civiles que lo único que quieren es levantarse con la aurora y no con el estrépito de una Paveway, entre otras armas.

Mi mayor utopía es que nunca más tengamos que elegir entre trabajo y vida; y que el trabajo -es decir, el dinero- nunca pueda ser justificante para sustentar una barbarie humana, como lo es cualquier guerra, y que el zóon politikón acabe por entender que la integridad humana está por encima de cualquier aspiración política y económica. Ya lo sé, me gusta soñar.

#StopArmasYa

Firma:

Hugo Pereira Chamorro, estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela.

7 Comentarios

  1. Yo lo siento por los trabajadores pero no es normal que España venda armas sabiendo que van a matar con ellas a muchos inocentes,ya no se hasta donde vamos a llegar,es una vergüenza Hugo.

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